Sabes que puedes decir que no.
Sabes que no tienes que estar disponible siempre. Que no puedes hacerte cargo de todo. Que también tienes derecho a descansar, a cambiar de opinión o a no hacer algo simplemente porque no quieres.
Y aun así, cuando llega el momento de poner un límite, aparece la culpa.
Quizá dices que no a un plan porque estás cansada y después empiezas a pensar si deberías haber ido.

Quizá alguien te pide algo que realmente no puedes hacer y, aunque sabes que no te corresponde, piensas que podrías haber hecho un esfuerzo.
O consigues decir lo que necesitas y, después, pasas un buen rato pensando si has sido demasiado tajante.
Entonces aparece una pregunta bastante habitual:
¿Por qué me siento culpable cuando pongo límites si sé que no estoy haciendo nada malo?
No hay una única respuesta.
La culpa al poner límites puede estar relacionada con la responsabilidad que sientes hacia los demás, con el miedo a decepcionar o con la forma en la que has aprendido a relacionarte con tus propias necesidades y con las de otras personas.
Y entender qué está pasando en tu caso puede ser un primer paso para poder relacionarte con tus límites de otra manera.
¿La culpa significa que estás haciendo algo mal?
No necesariamente.

La culpa es una emoción relacionada con nuestras relaciones y con la percepción de haber hecho algo que puede afectar a otra persona o de no haber cumplido con algo que consideramos nuestra responsabilidad. Es decir, con algo que creemos que debemos reparar porque no está bien.
Por eso puede aparecer incluso cuando, desde fuera, no has hecho nada malo.
Decir que no a alguien puede ser una decisión completamente razonable y, aun así, hacerte sentir incómoda.
Puedes pensar:
“Sé que tengo derecho a poner límites, pero me sabe mal.”
“Sé que no me viene bien hacerlo, pero siento que debería.”
También puedes sentir miedo a decir que no, miedo a decepcionar, a la reacción de la otra persona…
La cuestión está en poder diferenciar dos cosas:
- sentir culpa porque has hecho algo que realmente no encaja con tus valores (y aquí me refiero a los tuyos propios, no los que te han dicho que deberías tener y los has asumido sin cuestionar si eran para ti).
- sentir culpa porque estás haciendo algo que no estás acostumbrada a hacer.
No es lo mismo.
A veces la culpa aparece precisamente cuando empiezas a tener en cuenta tus propias necesidades de una manera diferente. Y no siempre va a tener que ver con que estés haciendo algo mal.
Cuando sientes que tienes que hacerte cargo de todo
Hay personas que están muy acostumbradas a estar pendientes de los demás.
A ayudar.
A resolver.
A anticiparse.
A intentar que las cosas estén bien.
A cuidar de los demás.
Quizá, cuando alguien necesita algo, tu primera reacción es pensar cómo puedes solucionarlo.
Y muchas veces esto no supone ningún problema. Ser una persona responsable y preocuparte por quienes te rodean puede formar parte de quién eres.
La dificultad puede aparecer cuando empiezas a sentir que también eres responsable de que los demás estén bien. De proveer al resto, de bienestar, de ser la persona que está ahí, que se preocupa, que tiene en cuenta sus sentimientos, que no quiere herir…
Entonces pueden aparecer pensamientos como:
“Si puedo ayudar, debería hacerlo.”
“Si digo que no, le estoy fallando.”
“Si está mal por algo que he hecho, debería solucionarlo.”
“Si yo puedo encargarme, no debería dejarlo para otra persona.”
En estos casos, poner un límite puede sentirse como si estuvieras dejando de cumplir con una responsabilidad. Lo que sientes que es «tu responsabilidad»
Y puede ser difícil saber dónde termina lo que te corresponde y dónde empieza lo que pertenece a la otra persona.
La responsabilidad excesiva y la culpa interpersonal se han estudiado precisamente en relación con esta tendencia a sentir que las propias decisiones tienen que proteger o resolver el bienestar de otras personas. Pero esto no significa que toda persona que sienta culpa al poner límites tenga este patrón. Es algo que hay que valorar en cada caso.
Porque muchas veces puedes pensar ¿por qué me siento culpable cuando pongo límites? Y revisando tu historia de vida pueden aparecer experiencias en las que cuando los has puesto, han reaccionado de una forma negativa, se han minimizado tus necesidades, no te has sentido vista o te han hecho sentir egoísta.
También puedes haber crecido con modelos (padres, cuidadores, entorno…) que siempre ha priorizado el cuidado de los demás antes que el propio.
El miedo a decir que no. Miedo a decepcionar.
A veces no cuesta tanto decir que no como pensar en lo que puede ocurrir después.
“Se va a enfadar.”
“Va a pensar que ya no me importa.”
“Le voy a decepcionar.”
“Va a pensar que soy egoísta.”
Cuando el límite se vive como una posible amenaza para la relación, es normal que resulte más difícil mantenerlo.
Puedes saber que la otra persona tiene derecho a sentirse molesta y que tú también tienes derecho a decir que no.
Pero saberlo no significa que deje de ser incómodo.
Y entonces puedes acabar eligiendo lo que te permita dejar de sentir esa incomodidad cuanto antes.
Dices que no.
Te sientes culpable.
Le das vueltas.
Intentas compensarlo.
Y terminas haciendo aquello que inicialmente habías decidido no hacer.
Cuando este ciclo se repite, puede empezar a parecer que el problema es que no sabes poner límites.
Pero quizá el problema está también en todo lo que ocurre después de ponerlos.
- que no los mantienes
- que los cambias
- que te justificas
- que preguntas continuamente si está bien, si le ha molestado
- que incluso le puedes explicar que tienes miedo a decepcionar
- pensar que no estás haciendo bien…
Lo que has aprendido sobre las relaciones también puede influir
No todas las personas hemos aprendido lo mismo sobre decir que no, pedir ayuda, expresar una necesidad o cuidar de los demás.
Para algunas personas, decir lo que necesitan ha sido algo bastante normal.
Para otras, quizá ha tenido más peso ser responsable, no dar problemas, adaptarse, ayudar o estar pendiente de los demás.
Estos aprendizajes pueden aparecer en muchas relaciones y en diferentes momentos de la vida.
No hace falta que exista una experiencia concreta que explique por qué hoy te cuesta poner límites.
Y tampoco sería adecuado asumir que todas las personas que tienen esta dificultad han vivido lo mismo durante su infancia.
La historia de cada persona es diferente.
Por eso, en terapia no me parece especialmente útil buscar rápidamente una explicación única del tipo “te pasa esto porque ocurrió aquello”. Sino que puedas comprender de dónde viene, por qué ha funcionado y qué pasa ahora cuando pones límites y te vuelves a plantear: «por qué me siento culpable cuando pongo límites»
Es más importante poder entender cómo funciona esta dificultad en tu caso.
Qué aprendiste.
Qué situaciones la activan.
Qué significado tiene para ti decir que no.
Qué piensas acerca de ti misma.
Y qué haces después cuando aparece la culpa.
¿Por qué sigo sintiéndome culpable si sé que tengo derecho a decir que no?
Esta es una de las partes que más puede frustrar.
Porque quizá ya lo sabes.
Sabes que no eres responsable de todo.
Sabes que puedes decir que no.
Sabes que alguien puede molestarse contigo y que eso no significa necesariamente que hayas hecho algo malo.
Incluso puedes haber trabajado todo esto anteriormente.
Y aun así, llega una situación concreta y vuelves a sentir lo mismo.
Esto ocurre porque entender algo no siempre hace que una reacción cambie automáticamente.
Puedes comprender perfectamente que necesitas descansar y seguir sintiendo que deberías estar haciendo algo.
Puedes saber que tienes derecho a decir que no y seguir sintiendo culpa cuando alguien se decepciona.
Puedes entender que no eres responsable de cómo se siente otra persona y seguir intentando arreglarlo cuando está molesta.
Por eso, cuando esta dificultad se mantiene, puede ser necesario trabajar algo más que la idea de que tienes derecho a poner límites.
Hay que mirar qué ocurre cuando realmente los pones.
¿Qué podemos trabajar en terapia cuando poner límites genera culpa?

No hay una única forma de trabajar esta dificultad.
Depende de lo que esté ocurriendo en cada persona.
Podemos empezar por observar en qué situaciones te cuesta más poner límites.
Qué piensas cuando decides decir que no.
Qué sientes después.
Qué temes que ocurra.
Qué responsabilidad sientes hacia la otra persona.
Qué se te activa en el cuerpo.
Y qué haces para dejar de sentirte culpable.
Porque quizá el problema no está únicamente en el momento de decir “no”.
Puede estar también en todo lo que haces después.
A partir de ahí, el trabajo puede orientarse a que puedas entender mejor tus necesidades, expresar lo que necesitas, distinguir qué depende de ti y qué no, y responder de una manera diferente en aquellas situaciones en las que hasta ahora acababas adaptándote.
Trabajar si hay experiencias pasadas que hayan creado esta memoria de aprendizaje, y en el presente crear recursos que te ayuden a sentirte comprendida y no juzgarte cuando pones un límite. Sin que ello sea irnos al otro extremo (que ya sé por dónde se va la mente y puedes pensar «es que no quiero ser una egoísta», pero es que hay que buscar un término medio)
Aprender a que respetes tus límites y los de los demás, eso es convivir.
Además de intentar comprender de dónde viene todo esto, cómo aprendiste a sentirte así, porque no solo es en el momento presente cuando sientes dificultades. Sino que puede venir de antes y ahora es cuando más problemas puede estar generando.
¿Qué puede empezar a cambiar?
No se trata de convertirte en una persona a la que deje de importarle lo que sienten los demás.
Se trata de que puedas tener en cuenta también lo que necesitas tú.
Y eso puede verse en situaciones muy concretas.
- Puedes empezar a decir que no cuando realmente no quieres o no puedes.
- Puedes pedir ayuda o expresar una necesidad antes de llegar al límite.
- Puedes empezar a distinguir lo que te corresponde de lo que corresponde a otra persona.
- Puedes tolerar que alguien se decepcione contigo sin interpretar automáticamente que has hecho algo malo.
- Y puedes mantener una decisión aunque después aparezca culpa o incomodidad.
No significa que todo esto ocurra de repente ni que nunca vuelvas a sentir culpa.
Significa que poco a poco puedes tener más capacidad para decidir qué haces con ella, en lugar de que la culpa decida siempre por ti.
Poner límites no significa dejar de cuidar a los demás
A veces poner límites se presenta como si hubiera que elegir entre cuidarte a ti o cuidar a los demás. https://juliavargaspsico.com/siempremedejoparadespues/
Y no tiene por qué ser así.
Puedes seguir siendo una persona que escucha, ayuda, cuida y se preocupa por quienes quiere.
La diferencia está en que eso no implique dejarte siempre para el final.
Puedes decir que sí porque quieres hacerlo, no porque sientas que tienes que hacerlo.
Puedes ayudar cuando puedes y quieres, sin asumir que eres responsable de solucionar todo.
Y puedes aceptar que alguien esté decepcionado contigo sin tener que hacer algo inmediatamente para que deje de estarlo.
Poner límites no significa que te importe menos la relación.
También puede significar poder estar en una relación sin tener que adaptarte constantemente para que todo esté bien.
Hay veces, que veo que pensamos que la otra persona se lo va a tomar mal o que va a pasar algo malo si pongo un límite, y luego no pasa. Poder vivir esto, es tener experiencias que desafíen esas creencias de: soy mala, soy egoísta, puedo anteponer mis deseos, lo mío no es tan importante, es que si otra persona está mal tengo que ayudarla….
Y podría ayudarte a dejar de pensar: ¿por qué me siento culpable cuando pongo límites?
Si te cuesta poner límites
Si sabes que necesitas poner límites, pero aun así te cuesta hacerlo o te sientes culpable cuando lo haces, puede ser útil mirar qué está ocurriendo en tu caso.
No necesitas llegar a terapia sabiendo exactamente qué te pasa ni de dónde viene.
Parte del proceso consiste precisamente en ordenar lo que está ocurriendo, entender qué necesitas y valorar qué tiene sentido trabajar.
Porque poner límites no es solamente aprender a decir que no.
También puede ser aprender a tenerte en cuenta cuando decides.
Si quieres conocer cómo trabajo y cómo es el proceso para empezar terapia conmigo, puedes hacerlo aquí:
[Conoce el proceso →]https://juliavargaspsico.com/#proceso
Te deseo que puedas dejar de cuestionarte a ti misma, y que puedas dejar de preguntarte por qué me siento culpable cuando pongo límites.
Gracias por llegar hasta aquí y compartir tu tiempo en este espacio.
Julia 🙂

